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Rescatando la Comida Tradicional en la Universidad Panamericana

“Rescatando la comida tradicional” es el nombre de la conferencia que ofreció la Embajadora de la cocina tradicional mexicana Rosalba Morales Bartolo ante la comunidad estudiantil de la Universidad Panamericana campus Aguascalientes.

Invitada por la Escuela de Dirección de Negocios Gastronómicos de la UP que dirige la  Mercedes Urzúa, la famosa cocinera compartió su historia de esfuerzo y tradición con los asistentes a la charla y posteriormente su experiencia en un taller realizado en el aula demo de DNG.

Se dice en la región michoacana que uno de los placeres más perfectos es comer tacos de charales, crujientes, frescos y suficientemente salados, de Rosalba Morales Bartolo, cocinera de San Jerónimo Purenchécuaro, Michoacán.

Nadie los hace como ella y elaborarlos es meticuloso: primero, los descama; luego, les quita las agallas; y finalmente, los dora con leña de pino, cuidando la temperatura para que no se tuesten.

Esta mujer purépecha que engalanó son su amable presencia las aulas de DNG aprendió los saberes del fogón desde niña con Aurora Bartolo, su madre y Gabino Guadalupe Morales, su padre un pescador que le enseñó el arte de capturar sus propios ingredientes. Rosy, como le dicen los amigos, se dedica a hacer comida desde los 14 años.

En entrevista compartió que en el año 2010 participó por primera vez en el Encuentro de Cocineras Tradicionales de Michoacán donde obtuvo el primer lugar en la categoría Rescate con la trucha a la Purenchécuaro, uno de sus platillos estrella.

Mencionó que, aunque ahora se ve desenvuelta al cocinarla pasaron años de prueba y error para lograr esa especial y fina salsa que es receta de su abuela, agregó que su mamá le ayudaba a perfeccionarla. “Parece sencilla a simple vista y lleva jitomate, tomate, chiles perones, cilantro, epazote y cebolla. Lo importante no son los ingredientes sino la mano mágica que los combina.”

Rosalba es una mujer independiente y fuerte, como ella misma se cataloga, cuenta con gran prestigio en el mundo culinario y el agradecimiento del sector turismo de su estado natal por la exposición internacional que hace de su gastronomía.

Tiene tres hijos, dos varones y Celeste, la mayor, quien recién cumplió los quince y le ayuda tanto en la cocina en su pueblo, como cuando salen a algún evento. Ella es quien está aprendiendo ese legado de sazón.

Madre e hija presumen sus delantales, enaguas y huanengos, como se llama la camisa típica bordada que caracteriza a las mujeres michoacanas. Por cierto, comentó que éstas prendas cada vez más son usadas en Estados Unidos por las chicas más jóvenes que ahora se sienten más orgullosas de sus raíces.

Compartió que en sus inicios luchó mucho y tuvo tropiezos, salió de “mojada” dos veces para trabajar en restaurantes mexicanos en diferentes ciudades en Estados Unidos, pizcaba diferentes frutas y verduras. Sus jornadas eran casi eternas, pero gracias a eso pudo ahorrar para construir su hogar actual. Le tomó 25 años construir lo que tiene hoy.

Es una mujer amable, siempre regala una sonrisa a conocidos y extraños es parte de esa satisfacción personal que hoy tiene.

Invitó a los asistentes a conocer su negocio, la llamada Cocina tradicional “Rosy”, ubicada San Jerónimo Purenchécuaro, Michoacán, aclaró que vale la pena reservar, ya que regularmente está “full”.

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